«El límite nos lo ponemos nosotros»

Las personas con discapacidad se enfrentan a la estigmatización en una sociedad que pocas veces confía en ellas como trabajadores cualificados e individuos autónomos. Moisés Caraballo y Elda Romero explican las barreras que deben superar


En Canarias hay casi 105.000 personas con algún tipo de discapacidad reconocida por la administración. Moisés Jorge Caraballo, de 31 años, y Elda Romero Márquez, de 46, son dos de ellas. Ambos tienen una discapacidad psíquica de tipo intelectual, en el caso de Elda Romero, del 68%. Hace años que acuden a Adepsi a hacer distintos cursos. Allí, en la sede de la asociación, nos cuentan su vida.

«Me gustaría que no utilizaran palabras como discapacitados, minusválidos o retraso mental, porque esas palabras pueden causar daño. Pueden decir diversidad funcional o dificultad de aprendizaje», afirma Moisés Caraballo. Él sabe bien lo que pueden ofender los términos. De pequeño sufrió «bullying» (acoso) en el colegio, algo que superó «con los años».

«Como todo en la vida, en el colegio viví momentos buenos y momentos malos. Todo es cuestión de actitud y aptitud. Antes no ponía actitud ninguna y después, con los años he aprendido muchísimo. Me saqué la secundaria en la escuela de adultos», señala.

Elda Romero también estudió en centros públicos, pero en su época no había apoyo en la escuela para personas con diversidad funcional, algo que suplió su familia con clases particulares. Pero las dificultades y barreras que se encuentran las personas con discapacidad en nuestra sociedad no acaban en la escuela. El ámbito laboral es un campo más de «discriminación», o al menos así lo sienten ellos.

La primera incursión profesional de Moisés Caraballo fue en 2010. Trabajó seis meses como ordenanza «en un proyecto del Cabildo de Gran Canaria». Después trabajó en una empresa privada «como cristalero, y cuando faltaba alguna compañera, también limpiaba las oficinas», explica. Después trabajó en Cermi y en Naviera Armas, haciendo «limpieza de choque». En cada lugar, afirma, «he aprendido mucho». Sin embargo, todos han sido contratos temporales. «Muchas veces te exigen experiencia. Tuve una entrevista, no hace mucho, y lo que te piden es experiencia. Pero vamos a ver. Yo sé que la experiencia es un factor, pero también hay que darle la oportunidad a la gente de que trabaje. Igual que con el tema de las edades, que también es otro prejuicio que pasa en este país independientemente de que tengas o no una discapacidad», lamenta.

A Elda Romero no le ha ido mejor. «A nosotros se nos ponen muchas barreras, muchas pegas en el trabajo», afirma. En su caso, solo ha trabajado en un taller de empleo de jardinería. «La gente no se fía. No se han abierto. No nos han visto trabajar y no saben qué cosas podemos hacer. Yo soy una promotora de Igualdad», comenta con orgullo.

«Yo pienso que hay muchos prejuicios sobre las personas con discapacidad. Por ejemplo, por mi experiencia, hay muchos empresarios que se piensan que por tener una discapacidad creen que no somos capaces de hacer una vida totalmente normal o demostrar nuestras capacidades. Y encima los contratos son temporales, no llegan ni al año. Pienso que tanto las administraciones como los empresarios deberían darle más continuidad a los trabajadores», afirma Moisés Caraballo.

En el sector público se reserva solo un 2% de las ofertas a las personas con discapacidad. En ocasiones se distingue el tipo de diversidad funcional, en otras no. «Las personas con discapacidad con trastorno mental aún tienen más dificultades», señala Caraballo, «porque no saben cómo van a reaccionar».

Tanto uno como otra viven con sus padres. «Como casi todos los jóvenes», coinciden. Pero ambos tienen la esperanza de poder independizarse en algún momento. «Uno siempre quiere tener su independencia, pero hay que ser realistas y hoy en día es difícil», dice Caraballo.

En su caso, piensa en una casa «y tal vez familia». Elda Romero en un piso que compartir, a lo mejor, con su pareja.

Precisamente el amor y el sexo siguen siendo temas tabú al relacionarlos con este colectivo. Sin embargo, coinciden ambos, «todos somos iguales, y tenemos los mismos derechos y los mismos deseos». Caraballo no tiene novia, pero sí muchos amigos con los que queda a jugar al fútbol. «Cuando he tenido novia, mi familia desea que me vaya bien y si no funciona, la vida sigue», dice Caraballo. Elda Romero si tiene novio. Conoce a su madre y la suya también conoce a su compañero.

OPOSICIONES. En estos momentos Moisés Caraballo prepara unas oposiciones a ordenanza -hay 6 plazas para personas con discapacidad intelectual en Gran Canaria– y estudia un ciclo medio sociosanitario. «Los límites nos los ponemos nosotros mismos», asegura. Aunque la sociedad pone piedras en el camino. A veces, incluso, ignorándolos. Es una de las cosas que más se quejan. Ir al médico y que no les hable a ellos, por ejemplo. «Hay estigmatización de las personas con discapacidad», comentan, por eso reivindican una «oportunidad» para demostrar quiénes son. «Cada uno tiene unas funcionalidades, unas herramientas diferentes. A veces nos sentimos agobiados porque la sociedad no nos da a conocer, no nos dan la oportunidad. Nos rechazan. En lugar de avanzar, ellos nos rechazan», lamenta Elda Romero.

Fuente: Canarias 7

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