Más de 450 jóvenes con discapacidad están buscando empleo en las Islas

Actualmente se contabilizan en España 8.937 jóvenes con discapacidad (hasta 25 años) inscritos como demandantes de empleo

Canarias aglutina al 5,1% del número de desempleados jóvenes con discapacidad en España, con 453 personas, y el 1,6% del total de parados en el archipiélago menores de 25 años, según el tercer informe ‘Jóvenes con Discapacidad, motor de futuro’, realizado por la Fundación Adecco y JYSK.

El número de canarios con discapacidad menores de 25 años se ha incrementado un 13,8% en el último año, pasando de 398 parados en 2017 a 453 en 2018. Atendiendo a las cifras de paro del total de los jóvenes canarios, se ha registrado un descenso más pronunciado, del 20% respecto a 2017, con 28.500 parados en 2018.

Actualmente se contabilizan en España 8.937 jóvenes con discapacidad (hasta 25 años) inscritos como demandantes de empleo. Su perfil responde al de un hombre (63%) con discapacidad física (42%) que reside mayoritariamente en Andalucía (22,8%), Cataluña (15%), Comunidad Valenciana (11,4%) y Comunidad de Madrid (10,5%). Estas cuatro regiones concentran a seis de cada diez desempleados jóvenes con discapacidad.

A nivel nacional, la mayor parte (27,7%) es desempleado de larga duración, es decir, lleva más de un año buscando empleo sin éxito. En concreto, el 14,5% lleva entre uno y dos años en paro y un 13,3% supera los dos ejercicios. En cuanto al tipo de discapacidad, de los desempleados jóvenes, la mayoría presenta una de tipo físico (42%), seguido de un 23% con discapacidad psíquica, un 19% sensorial, un 11% intelectual y un 5% orgánica.

Según Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, “los jóvenes con discapacidad siguen encontrando mayores dificultades en el mercado laboral con respecto a las personas de su edad, debido a la aún existencia de prejuicios y estereotipos en las empresas, así como a barreras psicológicas que frenan a los jóvenes con discapacidad tanto a la hora de estudiar como de encontrar empleo”.

En este sentido es significativo cómo la participación de los jóvenes con discapacidad en el mercado laboral continúa siendo exigua en España: su tasa de actividad es del 28% o, lo que es lo mismo, un 72% no tiene empleo ni lo busca, según el informe Jóvenes con discapacidad en España (Injuve y Cermi). La participación de los jóvenes sin discapacidad en el empleo, aunque baja (39%), es considerablemente superior a la de los primeros.

La menor participación de los jóvenes con discapacidad en el mercado laboral no sólo se debe a las dificultades derivadas de su condición (elevada afectación, deterioro del estado de salud, etcétera), sino que tienen mucho peso las barreras psicológicas de carácter intrínseco (sobreprotección familiar, temor, inseguridades, etcétera) y extrínseco (discriminación por parte de la sociedad y las empresas).

El 40% de la población joven con discapacidad afirma haber sentido discriminación en el ámbito educativo y/o formativo, un porcentaje que, lejos de decrecer cuando llegan a la edad laboral, asciende hasta el 66%. Es decir, cerca de siete de cada diez jóvenes con discapacidad afirma haber sentido discriminación en los procesos de selección para acceder a un puesto de trabajo.

Según Francisco Mesonero, “si la discriminación ya está presente en las escuelas, es muy lógico que se extienda a los entornos laborales en la edad adulta. Esta situación es peligrosa porque puede frenar la voluntad de muchos jóvenes con discapacidad en su búsqueda de empleo. La única vía para atajarlo es la educación inclusiva desde edades tempranas, así como una intensa labor de sensibilización en las empresas; en primer lugar, eliminando sesgos inconscientes y prejuicios entre los responsables de Recursos Humanos y, al mismo tiempo, acercando la discapacidad a toda la plantilla, para erradicar prejuicios y estereotipos. Sólo de este modo, la incorporación de los jóvenes con discapacidad podrá ser sostenible en el tiempo”.

EMPODERAR A LOS JÓVENES CON DISCAPACIDAD

Entre los jóvenes con discapacidad que sí buscan trabajo, casi tres cuartas partes (67,9%) nunca ha tenido contacto con el mundo laboral, es decir, está buscando su primer empleo. En primer lugar, por una cuestión generacional, ya que están en los albores de su carrera profesional y, en segundo, por una mayor cultura del subsidio, es decir, en ocasiones, reciben una prestación económica que, si bien asegura su subsistencia, puede conducir a una búsqueda de empleo más laxa y prolongada, que perpetúa la dependencia y la inactividad.

Para Francisco Mesonero, “las políticas pasivas de empleo o subsidios son muy necesarios para garantizar que las personas con discapacidad pueden salir adelante, pero es fundamental complementarlos con políticas activas de empleo, máxime en el caso de los jóvenes con discapacidad, que tienen toda su trayectoria laboral por delante. Mediante la formación y el acompañamiento, los jóvenes con discapacidad podrán equipararse al resto de los demandantes de empleo, competir en condiciones de igualdad y lograr un grado de autonomía que les permita encontrar un empleo y realizarse personalmente”.

Los jóvenes con discapacidad tienden a ver mermada su confianza laboral. Un 52% cree que tardará más de un año en encontrar trabajo; seguido de un 26% que prevé estar entre siete y doce meses desempleado; un 17% que calcula que la tarea de encontrar empleo le llevará entre uno y seis meses y un 5% que opina que tardará menos de un mes.

MENOR FORMACIÓN: EL TALÓN DE AQUILES

El nivel formativo es un factor determinante a la hora de garantizar el acceso al mercado laboral. Entre los jóvenes de nuestro país la carencia formativa se alza como una de las principales causas de desempleo. Un 11% de los jóvenes con discapacidad es analfabeto (sólo un 0,28% de los de su edad) y apenas un 2% cuenta con estudios universitarios, frente al 11,9% del resto.

Pablo Pineda, primer diplomado europeo con síndrome de Down y embajador de la Fundación Adecco, apuesta por un modelo de educación inclusiva que reduzca esta brecha formativa: “El problema es que muchas personas con discapacidad, especialmente intelectual, terminan su formación con 18 años y su única alternativa es un centro ocupacional o Centro Especial de Empleo”.

“En mi caso me considero afortunado, pues fui a la Universidad, si bien no tiene por qué ser la única vía. Desde mi punto de vista, el valor de la educación inclusiva radica precisamente en buscar la equidad, analizar las necesidades de cada persona y ofrecerle alternativas adecuadas a sus circunstancias. De este modo, las personas con discapacidad podríamos alcanzar la plenitud educativa haciendo una FP, con un certificado de profesionalidad o mediante otras fórmulas intermedias que eviten que toquemos techo formativo a los 18 años. La idea sería prolongar la formación hasta los 25 años, para que las personas con discapacidad puedan competir con garantías en el mercado laboral”, comenta.

Según el informe ‘El mercado de Trabajo de las personas con discapacidad’, del SEPE, las ocupaciones de mayor contratación en el caso de las personas con discapacidad son peón de industria manufacturera (20,2%), personal de limpieza en oficinas, hoteles y otros establecimientos (17,7%) y camarero con un 15,6%.
La mayoría de estas posiciones no exigen una elevada cualificación, circunstancia ocasionada, principalmente, por la menor formación de los jóvenes con discapacidad, que provoca que su presencia en puestos cualificados sea exigua.

Fuente: Diario de Avisos

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