Yadey, un niño con parálisis cerebral: un mes sin ir al colegio porque nadie atiende sus necesidades

El padre del menor ha presentado una denuncia en el juzgado porque considera que  no recibe la atención adecuada en el colegio público en el que está escolarizado 

La Consejería de Educación asegura que el centro ya está ha pedido presupuesto para adquirir el mobiliario que necesita para ir a clase

Sobre los auxiliares que le atienden, la Administración habla de un problema “más complejo” porque es la empresa quien realiza la selección de personal

Aeromédica, la empresa adjudicataria, asegura que sus profesionales atienden las necesidades básicas y que el contrato con la consejería no les obliga tener titulación

Yadey.

«Cada vez que empieza un curso escolar, tenemos los mismos problemas», afirma Alexis Bethencourt, padre de Yadey, un niño de 11 años que tiene parálisis cerebral espástica y estudia en 5º de Primaria en el Colegio de Alcaravaneras de Las Palmas de Gran Canaria, centro preferente para alumnado con discapacidad motórica.

La dirección ha recibido durante este año al menos ocho escritos reclamando que se adapte el mobiliario a las necesidades del niño e instando a que los profesionales que lo atienden reciban la formación adecuada. Bethencourt también ha reclamado a la Consejería de Educación que tome partido y, ante la falta de medidas para solucionar la situación, ha acudido a los juzgados de Las Palmas de Gran Canaria para presentar una denuncia entendiendo que su hijo está sufriendo «maltrato psicológico institucional».

Yadey lleva desde el 3 de octubre sin ir al colegio porque «las auxiliares desconocen la forma de atención que precisa», asegura Bethencourt en uno de los escritos dirigidos al CEIP Alcaravaneras. Sostiene que un día, cuando fue a buscar al niño, lo halló con las sujeciones del bipedestador que le mantiene vertical y en el que tiene que estar durante las clases (al no poder controlar sus músculos) «mal puestas». También con «las botas ortopédicas mal abrochadas», lo que le causaba «dolor».

Además, relata que una de las auxiliares que atendió a Yadey «desconoce» sus necesidades y no tiene la formación adecuada para tratarlo. «Lo demostró a la hora de coger al niño por sus miembros inferiores para levantarlo, cuando debe hacerlo por las axilas porque si no, le hace daño, ya que tiene desplazamiento de caderas».

Este hecho no es un caso aislado. Ya desde 2017, Yadey dejó de ir a la escuela porque su pupitre no había sido adaptado a su crecimiento, lo que le obligaba a estar con las rodillas flexionadas, perjudicando gravemente sus rótulas. Al empezar este curso escolar, Bethencourt pudo comprobar que la mesa con escotadura que usaba su hijo «estaba demasiado alta, le llegaba a la altura del pecho y casi le alcanzaba la barbilla», por lo que «obligaba al niño a mantener los brazos flexionados casi a la altura del hombro, una postura muy incómoda para escribir».

Tras esto, el padre acudió al centro a regular la mesa y ajustar los mecanismos que mantienen las piernas abiertas, para abrirlas un poco más, «ya que para la adecuada formación de sus caderas y para evitar empeoramientos de las deficiencias óseas propias de su discapacidad, las caderas deben estar los más abiertas posibles», explica Bethencourt.

En el curso pasado, en febrero, Yadey también estuvo unas semanas sin acudir al centro porque, según Bethencourt, «las auxiliares que le asisten carecen de la formación necesaria para colocarle el bipedestador». «En diferentes ocasiones se ha hecho daño al menor», segura Bethencourt, teniendo que ser trasladado en ambulancia al hospital materno infantil, motivo por el que decidió que no acudiera a sus clases «hasta que las auxiliares reciban la formación necesaria».

Esta situación pudo ser solventada cuando Bethencourt elaboró un vídeo de formación para explicar a todos los auxiliares del centro el correcto uso del bipedestador pero, a pesar de ello, se han seguido produciendo situaciones que causan «daño» al niño, como no cambiarle de posturas cada cierto tiempo porque se cansa o respetar sus horas para hacer sus necesidades para que así pudiera controlar sus esfínteres.

A causa de todo ello, Yadey sufre crisis de ansiedad y miedo de acudir a clases desde que comenzó su escolarización en el CEIP de las Alcaravaneras, según un informe clínico del Servicio Canario de la Salud, pues antes estaba en San Juan de Dios, a donde acude por las tardes para rehabilitación. Dado que su evolución ha sido positiva en los últimos años, se decidió que acudiera a un centro ordinario que tuviese la certificación de específicos motóricos, es decir, que dan respuesta al alumnado que precisa de recursos personales o materiales específicos de difícil generalización.

El niño nunca había mostrado alteraciones psicopatológicas hasta que fue escolarizado en el CEIP Alcaravaneras, y ha sido diagnosticado con trastorno de adaptación, iniciando un tratamiento con profesionales, según el informe.

«Estamos cansados de esto porque es siempre lo mismo. Y hemos decidido que no vaya más al centro escolar hasta que le garantice la seguridad y el buen funcionamiento en la atención del niño», afirma Bethencourt, quien ha reclamado en varias ocasiones a la Consejería de Educación que tome medidas para que su hijo pueda acudir al colegio en igualdad de condiciones que los otros niños.

Un padre «sobreprotector», según la empresa

El 9 de octubre de este año, Bethencourt se reunió con el director general de Educación Infantil, Primaria y Secundaria, a quien trasladó varias demandas: que se readapte el mobiliario y los auxiliares tengan una formación adecuada; que los alumnos con diversidad funcional dejen de ser recogidos en la puerta trasera del centro; que los encargados de transporte modifiquen la parada para que todo el alumnado sea recogido por la misma salida sin ninguna diferencia. 

También le pidió que el transporte para su hijo sea gratuito, pues, a pesar de que recibe subvención por trasladar a Yadey en su coche para sufragar el combustible, dado que el servicio de transporte del centro no está adaptado para llevar el bípedestador, Hacienda le cobra 800 euros, y protesta porque el resto de alumnos reciben este servicio gratuitamente. Desde la administración respondieron, según el acta de la reunión, que atenderían estas demandas, pero Bethencourt asegura que esto no se ha producido.

Además, el padre de Yadey ha reclamado en reiterados escritos dirigidos al centro educativo que su hijo pueda recibir en horario de mañana la atención de un docente domiciliario y de auxiliares que le acompañen «para sus cambios posturales y su control de esfínteres».

Al no obtener respuesta a sus demandas, Bethencourt decidió acudir este jueves a la sede de la Consejería de Educación en Tenerife para que la recibiera María José Guerra. Tras la reunión, desde el área aseguran que el centro ya está «pidiendo presupuesto para adquirir los elementos que necesita el niño para que pueda ir a clases adecuadamente».

Bethencourt también reclamó a la empresa que presta el servicio de auxiliares en el centro educativo, Aeromédica, readmita a dos profesionales que fueron despedidas y con las que Yadey recibía «una atención adecuada». En este punto, Educación dice que la situación es «más complicada», porque la empresa es quien realiza la selección de personal. 

Desde la empresa acusan al padre de ser «sobreprotector» y argumentan que en el contrato que mantienen con la Consejería de Educación no se exige los auxiliares que tengan titulación clínica. Según su versión, tienen como función «atender las necesidades básicas de los niños, como lavarles si no pueden controlar sus necesidades fisiológicas o cambiarles de ropa, lo más elemental». Y, para un tratamiento más especifico o especializado, la entidad recomienda a Bethencourt que escolarice al niño «en un centro especializado en minusvalías motoras y psíquicas, con fisioterapeutas, auxiliares de clínicas o enfermeros». 

«Yadey tiene 11 años y lo único que ha hecho es nacer con una parálisis cerebral. Mi hijo está siendo violado en sus derechos todos los días en su centro escolar», lamenta Bethencourt.

Fuente: El Diario

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